Hija de Edgardo Garnier y Violeta Graciela Ortonali, ambos desaparecidos por la última dictadura cívico-militar, la nueva nieta recuperada contó como recibió la noticia de su identidad en una conferencia de prensa junto a Abuelas de Plaza de Mayo. “Estos encuentros nos llenan de esperanza para redoblar la búsqueda”, afirmó Estela de Carlotto, presidenta del organismo.

La joven se enteró que no era hija biológica de sus padres luego de su fallecimiento, a través de una persona cercana. Eso ocurrió un sábado, y el lunes se dirigó a la sede de Abuelas para hacerse los estudios. “Pensé que me habían abandonado, no tenía ninguna certeza. Tenía que aprender a vivir con esto, porque ¿dónde iba a buscar después de 40 años?”, contó. Pero este lunes por la mañana recibió un llamado de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI).

“Me acompañó una amiga, nos tomamos el subte y fuimos hasta la CONADI y ahí nos enteramos de la feliz noticia”, contó la nieta recuperada. “Estoy feliz, estoy plena”, expresó. Y aseguró: “Esa ficha del rompecabezas no sólo es una ficha, se armó otro rompecabezas, tengo una familia más grande. Se me completó la vida”.

Contó también que la sensación le cambió por completo: “De pensar que había sido abandonada, no querida, no deseada, a sentir que fui una persona muy querida (y lo soy), muy deseada, muy buscada, y que tengo una familia muy hermosa. ¡Y que tengo una abuela! Con 40 años tengo una abuela que es una genia, ya la quiero, es hermosa por dentro y por fuera”, afirmó.

Además, la joven aseguró que decidió compartir su historia por ella misma, para “compartir la alegría”, y pensando en otros y otras nietas que todavía no recuperaron su identidad: “Si mi testimonio puede ayudar a darle un empujoncito a quien busca su identidad, bienvenido sea”, sostuvo.

“No pudieron, esta vez no pudieron”, resaltó la Nieta 126 que se mostró emocionada y alegre en la conferencia de prensa que se realizó en la sede de Abuelas. Y concluyó: “El amor le ganó al odio. El amor es más fuerte que el odio, siempre”.

Antes, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, había contado que “su familia la buscó siempre. Fueron de los primeros en hacer la denuncia en Abuelas”. A su lado estaban la nueva nieta recuperada y la hermana de su padre, Edgardo Garnier, secuestrado en 1977. “Estos encuentros nos llenan de esperanza para redoblar la búsqueda”, subrayó.

Con “gozo y alegría” fue la recepción de la noticia por parte de su abuela, Blanca Díaz de Garnier. “No esperaba tener esta alegría. Veía recuperar a otros nietos y me decía ‘a mí nunca me toca´. Más gozo no puedo pedir”, sostuvo este martes en declaraciones radiales y contó que ella había estado en contacto con la pareja “hasta los últimos días”. “Inclusive les había preparado todo un ajuar para la nieta o el nieto por venir, pero desapareció todo”, dijo.

“Quedé cortada. Cuarenta años de espera y llegó el momento”, detalló acerca del llamado telefónico que recibió de Estela de Carlotto este lunes.

Violeta y Edgardo

Su madre, Violeta Graciela Ortolani nació en Buenos Aires el 11 de octubre de 1953 y, luego del fallecimiento de su madre se radicó en Bolívar. Luego partió a La Plata para estudiar en la universidad. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), el Frente de Agrupaciones Eva Perón (FAEP) -una escinción del Frente Universitario de la Revolución Nacional- y luego en Montoneros. Sus compañeros de militancia le decían “La Viole”.

Edgardo Garnier, el padre de la joven, era de Entre Ríos. Nació el 7 de agosto de 1955 en Concepción del Uruguay. Estudiaba ingeniería y militaba en el FAEP y Montoneros. Sus compañeros de militancia lo conocían como “la vieja Bordolino”, “el Viejo”, “el Chueco” o “el Pato”. En la familia, “Edgar” o “Rober”.

 

Ortolani fue secuestrada el 14 de diciembre de 1976. Tenía 23 años y un embarazo de ocho meses. A él lo secuestraron casi dos meses después, el 8 de febrero de 1977, en La Plata. Al bebé que esperaban pensaban llamarlo o llamarla Marcos, Enrique o Vanesa.

El encuentro

Apenas se confirmó su identidad, la joven quiso ponerse en contacto con su familia. Se comunicó con su abuela, que vive en Entre Ríos y tiene 86 años. También con compañeros de militancia de sus padres. “Es la frescura en persona, la valentía que tiene… triunfó, vino, preguntó y supo su verdad”, dijo la presidenta de Abuelas.

 

Fuente: https://notasperiodismopopular.com.ar