Este hombre se muestra como un nexo fuerte del narcotráfico aquí

 

Luis Angelini cuenta que desde que investiga a un NN que podría ser el colombiano Henry de Jesús López Londoño, detenido esta semana en Pilar, se quedó sin secretaria, y ni siquiera tiene computadora. La denuncia contra su jefe Luis Novo

El fiscal Luis Angelini hubiera brindado esta entrevista a Tiempo Argentino en su oficina. Pero no tiene. Comparte un reducido espacio que le hicieron otros colegas en el edificio de Tribunales de San Isidro, en Ituzaingó 340, donde ni siquiera cuenta con una computadora. Así, investiga los tres asesinatos de colombianos más resonantes de la Argentina: el doble crimen del shopping Unicenter de Martínez y una ejecución en San Fernando. Pese a la precariedad de las herramientas, Angelini logró vincular los crímenes con una red narco criminal internacional. Incluso, con sectores insospechados de poder en la Argentina: varios indicios lo llevaron a los hermanos Juliá, hijos de José Juliá, ex jefe de la Fuerza Aérea durante el menemismo, unos seis meses antes de que fueran detenidos en España con casi una tonelada de cocaína que transportaron en un avión privado.

La investigación del fiscal también llegó a dar con un tal Henry, quien podría ser Henry “Mi Sangre” López Londoño, recientemente detenido por la Secretaría de Inteligencia (SI) en un restaurante de Pilar. Pero la cruzada de Angelini por intentar descubrir las razones de los crímenes se truncó al rozar intereses de sectores poderosos. A finales de septiembre, el fiscal denunció a su jefe, el fiscal general Julio Novo, por encubrimiento de una red narcocriminal internacional.

–¿Le sorprendió la detención de un jefe narco colombiano en el norte del Conurbano?

–No me puedo sorprender porque lo puse de manifiesto en mis dictámenes de julio de 2010 y marzo de 2012 de que existían elementos de que en ciertas zonas de la Argentina había movimientos asociados al narcotráfico internacional. Sí me llamó la atención que la detención se produjera luego de mi denuncia contra Novo.

–¿Su investigación llegaba a “Mi Sangre”?

–Las pruebas recolectadas hacían alusión a un importante narcotraficante NN Henry que lo posicionaban como un actor de relevancia en el tráfico de estupefacientes. Este hombre se muestra como un nexo fuerte, un engranaje sensible del narcotráfico aquí, que de acuerdo a los elementos objetivos, también estaba conectado con Juliá.

–¿Ese NN Henry podría ser “Mi Sangre”?

–Existen muchas probabilidades de que sea el mismo. Yo estoy investigando las causales de los homicidios, no al narcotráfico, pero el móvil son las derivaciones de la comercialización de drogas por eso es que llegamos a él.

–¿Pudo haber sido el autor intelectual de los homicidios de Unicenter?

–Por el momento creemos que no.

–¿Se llegó a establecer si NN Henry estaba en la Argentina?

–No llegamos a saberlo porque a los pocos días de dar con esta persona, se va mi instructora judicial, Elizabeth Romano, y me quedo trabajando esta causa sólo con los funcionarios puestos por la Fiscalía General que me ocultaron información y obstaculizaron la investigación constantemente. En ese ínterin comencé a formular la denuncia contra Novo (ver aparte).

–¿Cómo fue que apartaron a su secretaria?

–Sí, esto ocurrió en marzo de este año cuando había dispuesto allanar varias empresas en Puerto Madero, algunas vinculadas a los hermanos Juliá, y otros domicilios relacionados con los presuntos autores intelectuales. Desde la Fiscalía General llamaron a Romano a mis espaldas, la rodearon entre un séquito de fiscales y funcionarios obsecuentes a Novo y literalmente la intimidaron para que les confesara las tareas reservadas que le había confiado para esta investigación. Ese acto excede cualquier facultad de un fiscal general. El último reducto de auxilio real que era mi instructora lo perdí cuando en esos días acudió a mí llorando y con taquicardia, asustada por la situación. No podía verla más así y la recomendé para trabajar en Campana donde está cumpliendo funciones en la actualidad.

CRÍMENES SIN RESOLVER. En la tarde del 24 de julio de 2008, los colombianos Alexander Quintero Gartner y Héctor “Monoteto” Duque Ceballos fueron acribillados a balazos por un sicario en el estacionamiento del shopping Unicenter de Martínez. Las víctimas estaban por subir al Volkswagen Vento que conducía Julián Andrés Jiménez Jaramillo, cuando apareció el asesino y disparó decenas de veces: cuando cayeron al suelo, el killer los remató de dos balazos por la espalda a cada uno. Luego, el homicida huyó en moto, como había llegado, junto a otro cómplice.

Siete meses después, el 23 de febrero, el colombiano Juan Sebastián Galvis Ramírez, recibió diez balazos en la puerta de un negocio náutico en Avenida Del Libertador al 1900, en San Fernando cuando acompañaba a otros compatriotas para realizar una transacción de cientos de miles de pesos para comprar una lancha. La ejecución fue similar: dos hombres se acercaron en moto y uno de ellos descargó una pistola 9 milímetros sobre la víctima.

El doble crimen estaba siendo investigado por el fiscal Diego Grau mientras que el de San Fernando había quedado en manos de Angelini. Luego, Novo dispuso que los dos fiscales trabajaran juntos hasta que dejó a Angelini en soledad.

–¿Las causas de Unicenter y San Fernando están unificadas?

–En términos procesales no. Pero se investigó de manera conjunta porque tienen varios puntos en común. Si bien no existe secreto de sumario y diferentes sujetos procesales ya han tenido hace meses acceso al expediente, por una cuestión de prolijidad sólo puedo decir que se pudo establecer que los homicidios se dieron en un contexto de narcocriminalidad organizada transnacional que incluiría a varios países.

En la causa por el doble crimen están imputados tres barrabravas y el empresario Raúl Magallanes, quien también está mencionado en el triple crimen de General Rodríguez. Según los investigadores, los barras habrían aportado la logística de las ejecuciones pero el autor material habría sido un sicario colombiano (en ambos casos). Tiempo Argentino pudo saber que hay más sospechosos cuyas identidades serán develadas cuando sean llamados a indagatoria.

–¿En qué instancia está la causa?

–Desde que se fue Romano está paralizada y yo no tengo herramientas para continuar investigando. Los contactos con Colombia están acreditados al igual que los vínculos con los hermanos Juliá. Lo que desconocemos es lo que hay detrás de esta red narco y las complicidades con funcionarios judiciales que encubren estos crímenes. Se llegó hasta donde se pudo y es bastante teniendo en cuenta que el fiscal adjunto Marcelo Vaiani lo primero que me dijo cuando comencé la causa es que tenía que archivarla. A esta altura, siento que mi denuncia contra el fiscal general y sus colaboradores es una forma de avanzar en la investigación. Ahora, la justicia federal puede llegar a desenmascarar esta serie de complicidades en el poder judicial.

–¿Tiene miedo?

–Debido a la denuncia que realicé contra Novo y los delitos que a mi entender está encubriendo le solicité al juez federal Ariel Lijo, que se tomaran las medidas para garantizar mi seguridad. Todo esto me genera una honda intranquilidad. No descarto el temor, pero hago prevalecer mi deber constitucional. «

“¿Así que sos hijo del montonero?”

Luego de haber pasado por el fuero  federal, Luis Angelini comenzó a trabajar en la UFI 3 de Pilar como secretario del fiscal Gonzalo Acosta, hijo del represor y ex jefe de ESMA, Jorge “El Tigre” Acosta.

Angelini nunca fue bien recibido. “¿Así que vos sos el hijo del montonero?”, le preguntó Acosta hijo apenas se hicieron las presentaciones de rigor. Con malicia, el fiscal lo había confundido con un homónimo militante del PRT secuestrado y desaparecido en 1977.

Angelini había empezado su carrera judicial en San Isidro con el pie izquierdo. Su entonces jefe directo –aún en funciones– lo sometió a destratos. Poco después se fue a San Fernando donde compartió UFI con Alejandro Musso, con quien tampoco pudo llevarse bien, porque Angelini no presentó cargos durante un juicio contra un hombre que estuvo dos años preso por un crimen que no había cometido.

El instructor de esa causa había sido Musso, quien luego le pidió al fiscal general Julio Novo que separara a Angelini para no tener nunca más contacto laboral con él. Además de Musso, esa solicitud fue firmada por Acosta.

Una causa que pone bajo la lupa al poder judicial

A fines de septiembre, Luis Angelini acusó al fiscal general Julio Novo de encubrir una red narcocriminal transnacional por las constantes obstaculizaciones que sufrió la investigación de los homicidios de los tres colombianos. La denuncia la hizo extensiva a los fiscales adjuntos Rodrigo Caro y Marcelo Vaiani, y a su secretaria general, Melisa Rey.

El expediente quedó en manos del juez federal Ariel Lijo quien a pedido de Angelini deberá también analizar las actuaciones del titular de la fiscalía de Delitos Complejos de San Isidro, Claudio Scapolan, por formar parte de la presunta estrategia de Novo para proteger al crimen organizado.

Tanto Scapolan, como Caro y Vaiani, fueron designados por Novo para colaborar con Angelini y el fiscal Diego Grau en los casos de Unicenter y San Fernando. Pero lejos de investigar, todo se habría tratado de una maniobra para controlar a los instructores de San Fernando y Martínez.

–Novo dijo que usted era un maníaco denunciante y que su acusación era una escusa por el fracaso de su investigación…

–Está documentado que eso es falso y tiende a injuriarme porque claramente se desprende de la investigación el acierto al que he arribado para este nivel del proceso. Incluso, la eficacia se demuestra cuando pude avanzar con las escasas herramientas y recursos que tenía a mi alcance. Además, tuve que enfrentar incontables hechos de obstrucción, que oportunamente fui denunciando, por parte de los funcionarios que fueron enviados desde la fiscalía general presuntamente para colaborar con mi investigación cuando en realidad estaban para controlarme e investigarme a mí.

El viaje frustrado

Los fiscales Diego Grau y Luis Angelini, a través de varios exhortos, habían diagramado una gira de una semana por cinco ciudades colombianas para reunirse con funcionarios judiciales y del ejecutivo nacional, provincial y distritales de ese país. Necesitaban intercambiar información vinculada a los crímenes y en Colombia habían ubicado a varios testigos. El viaje debía hacerse a fines de agosto de 2009, pero menos de 24 horas antes de tomar el avión se frustró debido a una desinteligencia entre la Fiscalía General y la Procuración Bonaerense. El desplante provocó una dura queja del fiscal general de Estado de Colombia a la Cancillería de Argentina.

Fuente. Diario tiempo Argentino.

 

–  Secretaria de Prensa –

AJB San Isidro