VOTO DESDE LOS 16 AÑOS – UN EJERCICIO PLENO DE DERECHOS.

 En nuestro sistema legal el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes, principio tradicional de la democracia republicana que se encuentra establecido en nuestra Constitución Nacional de 1853-1860. Sin embargo la reforma constitucional del año 1994 moderó este rígido sistema de democracia representativa por medio de instrumentos de democracia participativa o semidirecta. En todo sistema democrático el ideal es la mayor participación popular posible, que no se agote simplemente en las elecciones periódicas.

 De aquel voto del ciudadano propietario y padre de familia, poco queda. Se han ampliado sucesivamente los derechos políticos a todos los ciudadanos, mujeres y hombres, en la convicción de que todos somos iguales ante la ley.

 Vemos así, que sentido de la historia, es la búsqueda de mayor libertad e igualdad. Búsqueda a veces fracturada, interrumpida, pero nunca detenida.

 Actualmente se está debatiendo en el Congreso Nacional la posibilidad de otorgar el derecho a votar a partir de los 16 años de edad (en forma optativa) y las primeras reacciones han sido dispares

 Comenzó una nueva transformación. En un contexto social de amplitud de derecho, y de ejercicio de una nueva forma de conciencia cívica y política, entramos en la discusión y el debate de si se otorga la posibilidad de sufragar a los jóvenes de entre 16 y 18 años.

 Asistimos desde entonces a una instancia donde lo que se reivindica fundamentalmente, es cuál es el rol que ocupan los jóvenes en la sociedad argentina.

 Desde que fuera propuesta dicha consigna, esta Juventud de Trabajadores Judiciales de San Isidro, se planteó como es que debía posicionarse frente a la misma, y cuál era el ámbito en el que plantear dicha posición.

 Una frase cubana dice que “la juventud sin rebeldía es una falla de la naturaleza”. “Ser rebelde es un acto natural, porque sin rebeldía no hay cambio”.

 Vemos con ligereza (característica de los actuales medio de comunicación masivos) como salen  notas de color que solo tienden a estigmatizar la situación. Se ve la botella media vacía de la cuestión, la llena es que los chicos se involucran y que en los Centros de estudiantes hay banderas de todos los partidos políticos. Negarse es una cuestión de sectario. Dicen que los pibes no.. Pero los pibes sí. Porque militan hace un montón de tiempo y, después, cada uno va tomando partido por lo que cree que más lo representa.

 Otorgar el voto a los jóvenes implica una forma de ampliación en la participación en democracia, otorgando la posibilidad de que se inste a los jóvenes a que se informen sobre los diferentes proyectos y modelos de gestión sobre un país, que los ha de contener.

 Vivimos en una sociedad dinámica y compleja en la que es indispensable ampliar los derechos de los jóvenes que enfrentan la realidad desde, asumir responsabilidades familiares hasta ingresar al mundo del trabajo

 Se ha dicho que los jóvenes de 16 años no están preparados para esa responsabilidad (votar), y que si así fuera, se debería paralelamente bajar la edad de imputabilidad penal. Quienes dicen esto olvidan que la ley penal considera imputables a los menores de edad desde los 16 años, precisamente (exceptuándose algunos delitos). Si revertimos ese mismo argumento, como los jóvenes de 16 años son imputables penalmente, podrían tener el derecho de escoger a sus representantes.

 Se ha dicho también que debería reformarse la Constitución para que el voto de los jóvenes sea voluntario. Es cierto que la Constitución establece que el sufragio es obligatorio. Pero también es cierto que el Código Nacional Electoral crea categorías de “exentos” de esa obligación, como los mayores de 70 años, entre otros. Sin pretender agotar la discusión jurídica, actualmente la ley establece limitaciones al principio de obligatoriedad, y ello no ha merecido reproche alguno. La obligatoriedad del voto está entendida como la garantía mínima de participación de una categoría general de la ciudadanía, mayoritaria, la que se encuentra entre los 18 y los 70 años de edad, a fin de legitimar el proceso electoral. Por fuera de esa categoría la ley establece otra, optativa, por encima de los 70 años. En el caso de los jóvenes estaríamos simplemente ante otra categoría voluntaria. La voluntad de participar es, en cada caso individual, signo de maduración suficiente.

 Se ha dicho que se busca la participación de los jóvenes porque es posible manipular su voto. Quien haya tenido contacto con jóvenes de esa edad sabrá perfectamente que no hay juez más severo ni espíritu más díscolo y difícil de manipular que el de un muchacho de esa edad. Basta decirles blanco para que quieran negro. Eso es así, en la familia, en la escuela, y seguramente en la política. Es otra nuestra motivación: es la confianza en que esos espíritus apasionados e inquietos se interesarán en las cosas públicas poniéndole su impronta, su esfuerzo y sus ideales.

 El poder votar desde los 16 es un acto de justicia y de confianza en el futuro. Es recuperar la senda de la participación de los jóvenes, que inexorablemente serán el futuro de nuestra sociedad. Apostar a su involucramiento en las cuestiones que nos afectan a todos. Darles un espacio de participación real. Continuar al sentido de la historia en la búsqueda de mayor libertad de participación y de igualdad de derechos.

 Se ha dicho también como critica a la propuesta que a nivel mundial, sólo 14 de 195 países tienen permitido el sufragio para menores de 18.

 ¿Es coherente hacer una comparativa con otros países?, sostenemos que no, lo mismo se dijo en su momento sobre la igualdad de género, y la posibilidad de la unión matrimonial de personas del mismo género.

 Decir que muchos países no tienen una legislación, no implica que el avance y la amplitud de derechos de una sociedad deban limitarse por ese motivo.

 En ese sentido, Argentina ha marcado rumbo, y así hoy, con el voto a partir de los 16 no se encuentra sola. Otros países que debaten la reducción del piso de edad mínimo son Bolivia, Chile y Reino Unido.

 Postergar el reconocimiento de este derecho a los jóvenes, entonces es una posición hipócrita.