Paro de los trabajadores o lockout patronal (por Hugo Yasky)

 En otros tiempos, un paro de los trabajadores para arrancar de la cárcel a su dirigente puesto entre rejas por un gobierno que oprimía y pisoteaba los derechos sindicales hubiese sido un episodio más de tanta epopeya y lucha de la clase trabajadora argentina.

 Hoy, este escenario se trastoca y llega casi a los límites del absurdo ya que el personaje en cuestión no solamente está sospechado de ser el autor intelectual de un acto criminal que se llevó la vida de un joven luchando contra la tercerización, sino que además constituye emblemáticamente una casta de dirigentes sindicales que prohijó el período del neoliberalismo salvaje en los años noventa. En este caso, se trata de un dirigente que trascendió incluso los límites del vandorismo, cuya sustancia consistía en la connivencia de los dirigentes sindicales con los grupos empresarios.

 José Pedraza se convierte en el exponente emblemático de una experiencia que se aleja todavía más de los intereses de la clase que representa, por cuanto él mismo asume la condición de empresario y se convierte en sobreexplotador de los trabajadores ferroviarios a quienes somete a las reglas indignas de la tercerización. Se trata de una nueva condición en la que el dirigente sindical es a la vez empresario y asume una doble identidad, en la que a la pretensión de representar a los trabajadores ferroviarios contrapone su condición de patrón que vive en el opulento barrio de Puerto Madero y que tiene niveles de ingresos que, de hecho, lo ponen como parte de la clase a la que pertenecen los grandes empresarios de todo el mundo.

 Por eso es que este paro resulta anacrónico y se constituye en una herramienta al servicio de la impunidad para tratar de extorsionar a la justicia, presionando sobre el poder político y así lograr la interferencia que repondría el cerco de impunidad que en otros tiempos protegió a los responsables de actos de violencia contra los trabajadores.

 La mayoría de los ferroviarios sabe que hacer justicia por el pibe Mariano Ferreyra es empezar a hacer justicia con todos aquellos trabajadores que sufren en carne propia las condiciones deplorables que imponen aquellos que olvidaron, allá lejos y hace mucho tiempo, lo que es el compromiso con la clase, y que desde un sillón patronal pretenden seguir representando. Estamos ante un punto de inflexión: si se gana esta pulseada y prevalece la justicia, seguramente habrá un antes y un después para todo movimiento sindical.

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