Desde la irrupción de la pandemia del Covid-19 en la escena mundial, que forzó situaciones de cuarentena en casi todos los países donde prima en el Estado el interés por salvar la vida de sus habitantes, se volvió necesario diseñar nuevas formas de trabajo para asegurar la oferta de servicios que funciona como motor de la economía mundial.
Sacando a todos los  trabajadores esenciales, que están arriesgando el pellejo para enfrentar la pandemia, y a los de la industria y producción, que tienen su tarea circunscripta a una maquinaria, existe un gran universo de trabajadores que vio nacer la estructura del teletrabajo (o home office) como su nueva realidad laboral.

Si buen la gran mayoría de los judiciales entramos en esta última categoría, merecen una mención y reconocimiento especial todos las compañeras y los compañeros ordenanzas, administrativos y funcionarios, que garantizaron las funciones mínimas del Poder Judicial en este tiempo de crisis desarrollando tareas presenciales.

 

Sin perjuicio de ello, la fuerza con la cual esta nueva modalidad de trabajo (teletrabajo) se instaló nos hace sospechar que la misma va a sobrevivir la pandemia que la vio crecer y que, para todos los trabajadores, el home office va a ser el tema de debate, discusión de los próximos años. Al igual que en los albores de la revolución industrial, estamos ante un cambio de paradigma tan fuerte que puede reordenar las relaciones (y derechos) laborales en los próximos años.

 

La AJB actuó con premura en dicha situación y logró forzar a la Corte a sentarse en un ámbito paritario para definir las condiciones en las cuales van a desarrollar esta modalidad todos los representados por nuestro sindicato, desde el auxiliar 3ro más nuevo hasta el más antiguo Secretario.

 

Existen puntos clave de dicho acuerdo que todas las trabajadoras y todos los trabajadores judiciales debemos tener  siempre presentes, como la suscripción del teletrabajo al período de cuarentena, la necesidad de una manifestación de voluntad para adherir a dicho mecanismo (la cual es revocable), la limitación del mismo a la jornada laboral judicial, y la existencia de motivos  de exclusión para no participar en el mismo.  (ver nota  https://ajbsanisidro.org/?p=13211).

 

Todos los que tenemos un recorrido, aunque sea pequeño, en una Dependencia Judicial sabemos que la modalidad de teletrabajo no puede funcionar más que como un parche para una situación excepcional. Es adentro de nuestra dependencia, y junto con nuestros compañeros, donde se puede desarrollar de forma cabal el trabajo que día a día llevamos adelante y mantiene funcionando el Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires a pesar de todos los problemas que atravesamos.

 

El teletrabajo pone el eje sobre el despacho de expedientes aunque todos los que trabajamos, en particular en el fuero de familia y en el Ministerio Público de la Defensa, tenemos bien en claro que el contacto directo con los justiciables y sus familias para contener, tranquilizar y bajar el derecho de la academia a la persona común es parte clave de nuestro trabajo.

 

Asimismo, la existencia de un espacio físico  dedicado puntualmente al derecho, con la presencia de compañeros con los cuales podemos debatir e intercambiar puntos de vista armando verdaderos coloquios jurídicos, eleva considerablemente la calidad del despacho sobre lo que puede lograr un solo empleado de forma individual.

 

Si bien las precarias condiciones edilicias que padecemos de forma cotidiana nos impiden romantizar las Dependencias Judiciales, sabemos que convertir un cuarto de nuestra casa en un despacho aislado es un paso atrás que solo tiene sentido en esta pandemia que desorganizó la vida de todo el planeta.

 

No debemos pensar este esquema como algo que se puede sostener en el tiempo. En nuestra casa nos espera nuestra vida personal, vida personal que puede implicar el cuidado de nuestros hijos u otros familiares a cargo. Máxime teniendo en consideración que nuestra computadora (pagada por nosotros, con una conexión a internet y un servicio de  luz que también abonamos nosotros) puede tornarse en un espacio de disputa entre un montón de convivientes que necesitan usarla.

 

Sumémosle a esto que una ventaja que nos da trabajar en una Dependencia es que, al momento en que uno atraviesa la puerta, puede empezar el proceso de descansar la mente de la innumerable cantidad de problemas reflejados en los expedientes a los que debemos darle una solución por intermedio de los elementos jurídicos que tenemos a disposición. A su vez, no podemos ignorar que todos atravesamos un proceso empático con las problemáticas planteadas en las causas que nos lleva a internalizar los conflictos, tornando perentoria la necesidad de “cortar” con el trabajo al final de la jornada laboral. La modalidad de teletrabajo, donde el mismo está disponible todo el tiempo en la computadora que nos ilumina con luz artificial  desde el otro lado del departamento las 24 horas del día, nos impide realizar este quiebre con la jornada laboral tan necesario para nuestra salud mental. El único resultado posible de esto es un “burnout” donde nos quemamos en el vano intento de sacar todo el trabajo buscando una solución individual a un problema que es colectivo: la sobrecarga de trabajo en el Poder Judicial de la Provincia y la necesidad de ampliar el mismo para satisfacer las necesidades de los bonaerenses.

 

No compremos una ilusión y no cambiemos nuestros derechos laborales por ahorrar viáticos y la posibilidad de trabajar en pijamas. Los verdaderos ganadores de la instalación masiva del teletrabajo son las patronales, que trasladan a los trabajadores los costos relacionados con la estructura edilicia, insumos y servicios necesarios para trabajar. A su vez, logran aislarnos en nuestras casas e impedir cualquier tipo de relación de amistad y solidaridad entre los trabajadores, que es la base de cualquier organización sindical, que es lo mismo que decir que es la base que garantiza y expande nuestros derechos.