Sindicalista, abogado y empleado público

Tres condiciones, un gran privilegio

 

Y un día cualquiera, así, casi sin avisar, me cayó la ficha. De manera intempestiva, abrupta dirían algunos, que importa, cuando la ficha cae eso es lo que importa. Un poco abrumado todavía por el desconcierto que genera el resplandor incandescente  de la lamparita que se prende por encima de la cabeza y al grito de Eureka, me di cuenta que ostento el privilegio de concentrar en una sola persona tres condiciones que a más de uno le pondría, por así decirlo, sutilmente, los pelos de punta.

Sindicalista, abogado y empleado público, y si me apuras, te digo judicial. ¡Cartón lleno!

Y si de juegos me refiero, en un concurso de personas despreciables, diría que se tiene todos los números.

Tal vez, la pasión que genera analizar mi profesión,  mi trabajo y  mi estilo de vida pueda haber provocado que se me fuera la mano con la palabra “despreciable” y sería más conveniente perderse en el  diccionario y buscar y buscar algún sinónimo más benevolente, mas compasivo o compresivo con mi persona, alguno que me alivie y se convierta en un aliciente para poder sobrellevar mi vida decorosamente.

Pero, ¿para que mentirme? Imaginemos cual sería la respuesta de ese colectivo a que llamamos “sociedad”  si tuviese que responder sobre la opinión de este particular sujeto.

Sujeto vil, ladrón, vago, indigno, ruin, rastrero, canalla y traicionero, para que seguir, si está más que claro. Todos sinónimos de un ser despreciable para ser más preciso, así que  por lo menos terminológicamente estamos bien encauzados.

Alguno, aspirando al instinto natural de defensa, podría decir que nuestra sociedad, “la sociedad”,  no está libre de pecados, y que si nos basamos en su proceder, y en la realidad,  no está en posición de levantar el dedo y juzgar a nadie, puede ser, pero por lo pronto ahora no es lo que importa.

Es moneda corriente escuchar día a día los peores calificativos sobre los abogados, los sindicalistas y los empleados públicos.

En cuanto a los primeros pareciese que la palabra “garca”, “cuervo” y “traicionero” estuviese anexada a ella, y formara parte de manera natural a tal definición. El sindicalista es por definición “chorro” y por demás “vago”, epíteto que tristemente comparte con su compañero empleado público/judicial, potenciado al incorporarle la expresión de “inútil” y “sin cerebro”.

Y todo esto, claro está sin hacer referencia a la pertenencia de una justicia lenta, insuficiente, colapsada, que reproduce injusticias, claro está sin hacer referencia al sindicalismo coimero, empresarial y burocratizado.

Que difícil cargar con tanto peso, que duro que es cargar con tantas definiciones en contra.

Podemos decir sencillamente, que es una cuestión cultural, que solamente  es una imagen de las personas que no se corresponde con la realidad, también podemos no hacernos cargo y mirar para otro lado restándole importancia, ya que YO no soy así, ni aspiro serlo.

Pero no,  mejor hablar de ciertas cosas, por eso NOSOTROS decidimos hacernos cargo.

Decidimos hacernos cargo y tomar todo lo bueno y lo malo de nuestra profesión y de nuestra manera de vivir, pensar y cambiar las cosas, de nuestra militancia.

Porque el cambio cultural no se modifica solo con palabras, sino también poniendo el cuerpo y las ideas a trabajar para cambiar esa imagen que tanto nos duele. Y no solo por lo que piensen los demás, sino porque lo que piensan los demás se corresponde en algún sentido con la realidad, porque los hechos demuestran que existen vagos en el Estado, existen corruptos en el sindicalismo y existen garcas de saco y corbata, pero no son todos.

Es nuestra función seguir sumando y hacer visible a la gran mayoría que trabaja con un gran compromiso social frente a su trabajo, con enormes carencias, salariales, edilicias e instrumentales. Demostrar que el judicial trabaja injustamente mas de lo que por derecho le corresponde, y se le es retribuido, que no entiende al justiciable como un papel más. Gravar en todas partes que el sindicalista no trabaja a sueldo y que deja parte de su vida, desatiende sus amistades y relaciones y algunas veces su vida literalmente, por la militancia, en el camino por concretar un ideal. Que muchos abogados defienden a los que menos tienen o no tienen nada, que los contienen además de asesorarlos.

Es por todo ello que te convocamos desde la Departamental San Isidro que por estos días renueva la Comisión Directiva, mas no renueva un proyecto sindical y político a No quedarte ajeno a esta realidad, a que te sumes y participes, de la manera que puedas, que quieras y que creas. A no olvidar que los verdaderos cambios se construyen y se concretan si estamos todos, en conjunto militando para ello y así terminar con el individualismo que pretendieron instalarnos como estilo de vida.

Te convocamos para que entre todos sigamos creando otra imagen, dignificando nuestra función y así poco a poco continuemos el camino para la  construcción de una justicia que beneficie realmente al pueblo, para que de esta manera ser sindicalista, abogado y empleado judicial sea un orgullo digno de ser imitado.